Sunday, August 4, 2019



XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C
4 de agosto de 2019
Notas homiléticas preparadas por el p. Jaime Hinojos


“El mundo no siempre dice la verdad en su totalidad. Cristo enseña toda la verdad total.” Theoloscience

Las lecturas de este domingo nos invitan a redescubrir la verdad, la belleza y la santidad de Dios. Vivimos inmersos en el mundo, y el mundo ejerce una profunda influencia en nuestra alma. Lo que escuchamos y experimentamos en la vida desde la infancia hasta la vida adulta, en nuestro entorno y la cultura pueden haber plantado ideas, nociones o hábitos (buenos o malos), que ahora pueden estar profundamente arraigados en nuestras almas.

2 ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
21 Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia.
22 ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?
23 Porque todos sus días son penosos, y su ocupación, un sufrimiento; ni siquiera de noche descansa su corazón. También esto es vanidad. (Eclesiatés 1:1, 2:21-23).


¿Qué vamos a hacer? ¿Qué podemos hacer para liberarnos, para ser liberados de ideas equivocadas o malos hábitos? Sí, el trigo y la cizaña pueden crecer juntos (cf. Mt 13, 24-30). 
Cuando este mundo se termine, será el comienzo de la nueva vida en el cielo, Cristo separará lo bueno de lo malo. Hoy es bueno recordar que aquel dia – cuando el mundo llegue a su final- seremos juzgados, individualmente y colectivamente. 
Cada uno de nosotros vive y muere solo una vez. Hoy somos llamados a esforzarnos por vivir de manera excelente los valores cristianos. Por lo tanto,es urgente que volvamos nuestros ojos, nuestros oídos, nuestras mentes, nuestro intelecto, nuestra voluntad, nuestra imaginación, nuestra razón, en una palabra, todo nuestro ser, cuerpo y alma, a Cristo. Esta tarea no puede dejarse para después.


CIC
1043 La sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que trasformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Esta será la realización definitiva del designio de Dios de "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1, 10).

1044 En este "universo nuevo" (Ap 21, 5), la Jerusalén celestial, Dios tendrá su morada entre los hombres. "Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4; cf. 21, 27).

Tomemos un momento para reflexionar en esta pregunta: ¿Estoy listo para presentarme ante juicio de Dios? ¿Me encontrará Dios digno de entrar en la visión beatífica [el cielo nuevo y la tierra nueva] asi como me encuentro ahora en esta etapa de mi vida? Y si concluyo que no estoy listo para presentarme ante el juicio de Dios, hoy es el día de la salvación, no mañana; sino hoy.
Podemos rezar juntos:
Señor,  en este momento, en este lugar, me comprometo o me vuelvo a comprometer a devolverte todo mi ser. Señor, te pertenezco total y completamente a Ti. Nada me pertenece a mi. Todo es tuyo Señor: Tú eres el Creador del universo. El mundo y todas sus criaturas, incluidos los hombres, son todos tuyos. Amén.
“Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 100: 3).
Creo que la primera lectura de hoy es una fuerte declaración sobre dos cosas que son esenciales para todo bautizado: 
Primero, confía en Dios! Confía en el Creador. ¡Cree en sus promesas! Él quiere que seas felices. Aquí en la tierra y en el mundo venidero [el cielo nuevo y la tierra nueva]. Por lo tanto, debes ocuparte de todas las cosas que son una respuesta directa a lo que Dios quiere de tí.
Segund, deja de preocuparte. No te preocupes tanto. El Padre Ignacio Larrañaga decía: “Ocupado si, preocupado no.” La ansiedades excesiva de los ansiosos y el miedo paralizante es el resultado de que el mundo no presta atención a su Creador: "Vengan a mí, todos los que están cnsados y agobiados por la carga, yo les daré descanso" (Mt 11:28).

Sí, es cierto, a veces podemos necesitar la ayuda de nuestros amigos. Ellos pueden rezar por nosotros. También podemos asistir a uno o dos retiros, pero cuando no tenemos la determinación personal para hacer lo bueno y evitar lo malo, seguiremos siendo esclavos de lo malo. Nosotros oramos todos los días diciendo: "No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal". De todo tipo de maldad.

Colosense 3:1-5, 9-11

San Pablo se dirige a los Colosenses diciendo:

1 Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.

2 Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.

3 Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.

4 Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

5 Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría.

9 Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras

10 y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.

11 Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

El Evangelio de hoy nos remite al Deceimo Mandamiento Divino:

EL DÉCIMO MANDAMIENTO

«No codiciarás [...] nada que [...] sea de tu prójimo» (Ex 20, 17).

«No desearás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo» (Dt 5, 21).

«Donde [...] esté tu tesoro, allí estará también tu corazón » (Mt 6, 21).

2538 El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la envidia. Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que trataba como una hija, y del rico que, a pesar de sus numerosos rebaños, envidiaba al primero y acabó por robarle la oveja (cf 2 S 12, 1-4). La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1 R 21, 1-29). La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24).

«Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros [...] Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? [...] Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo [...] Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras» (San Juan Crisóstomo, In epistulam II ad Corinthios, homilía 27, 3-4).

2539 La envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:

San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia” (De disciplina christiana, 7, 7).

“De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad” (San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45).

2540 La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad:

«¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros. Dios será alabado —se dirá— porque su siervo ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en los méritos de otros» (San Juan Crisóstomo, In epistulam ad Romanos, homilía 7, 5). 

Aqui les dejo el Evangelio del día: 
Lucas 12:13-21

13 Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».

14 Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?».

15 Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

16 Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,

17 y se preguntaba a sí mismo "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha".

18 Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,

19 y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, como, bebe y date buena vida".

20 Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?".

21 Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».


Eighteenth Sunday in Ordinary Time [Reference for further study]
CCC 661, 1042-1050, 1821: hope for a new heaven and a new earth CCC 2535-2540, 2547, 2728: the disorder of covetousness.

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